Diario de un Emprendedor - Primeros 365 días
Escribo este blog con el fin de animar a otras personas a tomar la decisión de vida de ser independientes, aquellos que han soñado, y que en su juventud, quieren cumplir ese reto.

Que este sea un espacio para acompañar a los que están recorriendo el camino y poder tener retroalimentación y consejos de aquellos que ya lo atravesaron.

Emprendimiento es inestabilidad

Aún recuerdo la estabilidad que confiere el ser asalariado, principalmente porque permite planear las actividades comunes del día en tres principales bloques de tiempo. 8 horas se trabajan, 8 se duermen y las 8 restantes se disfrutan según preferencias personales (en teoría).

Las horas invertidas por el asalariado en el trabajo le otorgan el derecho a recibir una remuneración, traducida en la palabra salario, con diferentes clasificaciones: fijo, básico, variable o flexible; llega cada 15 o 30 días, en cheque, efectivo o transferencia, representando un acuerdo entre empleador y empleado por el cumplimiento de unas tareas previamente encomendadas. Adicional a esto, y dependiendo de la legislación se reciben bonificaciones (primas, bonos, vehículos, viáticos) y 20 días de vacaciones al año, quizás pueden ser 30, para disfrute personal. Con esto dos tercios del año fácil de planear lo que se resume en la palabra tranquilidad.

Y tienen razón todas aquellas personas que hace exactamente 2 años, se extrañaban de mi renuncia a una carrera prometedora dentro de una multinacional y me aventurara a la difícil tarea de crear empresa. Muchas de ellas me lo advirtieron, el emprendimiento es inestabilidad.

Claramente inestable es. Se confunden los días de semana con los de los fines de semana, las noches con los días, la madrugada con el medio día, las zonas horarias. ¿Cuándo son vacaciones?, ¿Cuándo no? Y algo que todavía no logra controlar el ser humano en su totalidad, con el emprendimiento, definitivamente alcanza un caos incontrolable: el tiempo, aquellos bloques de tiempo.

Soy un emprendedor de día y de noche; desde mi casa, la oficina, el café de la esquina, la universidad, en Colombia, en Inglaterra… ¿Qué!!!? ¿Qué barbaridad está diciendo?

Pues el emprendimiento genera, personalmente hablando, y según la experiencia de algunos emprendedores cercanos, una inestabilidad de la estructura de tiempo y espacio.

image

Los avances de la tecnología de internet como las plataformas digitales, los servicios de transferencia de datos como el correo electrónico, la nube, las videoconferencias, entre otros, han permitido la generación de redes de colaboración y distribución gratuita de información sin fronteras, que han derivado en la concepción de nuevas alternativas de trabajo en diferentes espacios físicos al mismo tiempo.

Por eso, como emprendedor, puedes atravesar continentes, estudiar una maestría de tiempo completo, trabajar en casa, trabajar en la oficina, atender a tus clientes, estar cerca de tus seres queridos, tomar vacaciones intermitentes, expandir proyectos en cursos, crear empresas, participar en eventos, ir al gimnasio, hacer ejercicio en casa, ir al estadio, cocinar, participar en redes sociales, escribir este blog, dormir, levantarse y volver a repetirlo un día como hoy, una semana como la pasada o un abril o mayo siguiente. La ruptura de la formalidad de cumplir horarios de tiempo y estar presente en ciertos espacios geográficos, le añade aún más caos a la inestabilidad generada por el emprendimiento y definitivamente perturban la tranquilidad. Un estado de reducción de la tensión física y mental a la que el emprendedor aparentemente comienza a rechazar.

Pasar de planear los bloques de tiempo, a buscar el máximo aprovechamiento de los minutos y segundos del día, convierten al multi-tasking como una salida para calmar la ansiedad de cumplir con todo tipo de actividades, ya sean económicas, sociales o emocionales. Con la práctica, esas actividades con alto contenido emocional comenzarán a obtener más relevancia, por ende, pasiones y hobbies terminarán encontrándose y co-existiendo con nuevos proyectos y negocios. De esta manera, sumándole nuevas variables a la ecuación de inestabilidad, que desde el principio nunca fue negativa, por el contrario, pretendida.

Esta no es una declaración que busca resaltar al emprendimiento como la nueva verdad revelada, ni desacreditar el rol del asalariado dentro la sociedad. Lo que pretende es elevar una advertencia de las implicaciones a mediano plazo que trae consigo el emprendimiento a quienes se ven tentados a practicarlo. Un estilo de invitación a aquellos que no temen a la inestabilidad o en ocasiones se aburren en la rutina de la tranquilidad, que en el emprendimiento, afortunadamente, podrán encontrar una experiencia que desde el punto de vista profesional puede ser temporal, pero que definitivamente desde el personal, es única y original.

¿Qué es querer hacer?

Para alcanzar el valor de escribir esta reflexión tuve que preguntarme, desde la calidez de mi cama a las tres de la mañana si valía la pena levantarme a escribirlo o no. Normalmente, querer hacer, para muchos, significa hacerlo después. Afortunadamente, esta vez me ganó la intención de poder lograrlo, de dejarlo documentado y mañana al levantarme saber que pude terminarlo.

¿Por qué nos cuesta trabajo hacer?

Día tras día, posponemos actividades que parecen no ser tan importantes, que parecen podemos iniciarlas más adelante, simplemente, porque nos ganan las excusas de que otras cosas son más relevantes. Sin embargo, en algún momento del día siempre nos cuestionamos la falta de compromiso, la desorganización o la falta actitud que nos impidió cumplir su iniciación.  

Es común que si nos anteponen una fecha límite:

  1. Para cumplir no dormimos uno o dos días antes de su vencimiento;
  2. si la actividad la hacemos en un grupo fijo “nadie aporta”;
  3. si al llegar el vencimiento no está terminada respondemos, “no lo había interpretado de esa manera”;

y si debemos aceptarlo, en la mayoría de los casos, siempre, casi siempre, estructuramos la excusa para explicarlo. Sin embargo, internamente algunos nos preguntamos: ¿Será falta de comunicación?;

Hace unos años hablábamos de falta de comunicación, hoy quizás podemos decir que es exceso. Invertimos (o gastamos?) mucho tiempo en redes sociales, en networking, en relaciones. Hace algunos años renegábamos el contar con un número reducido de amistades, hoy por el contrario salvaguardamos nuestra privacidad y las restringimos.

¿Será falta de habilidades?

Cada día contamos con más acceso a herramientas e información que nos permite incrementar nuestro conocimiento para resolver la mayoría de problemas cotidianos y algunos especializados.

¿Será falta de motivación?

¿Decidimos por nosotros mismos o deciden por nosotros?,

O, ¿Será falta de organización?

¿Sabemos cuánto nos impacta aplazar una tarea?, ¿Somos conscientes del valor de nuestro tiempo? ¿Reconocemos nuestra ineficiencia?, si alguna vez la hemos llegado a plantear.

Como consecuencia al finalizar el día, la semana, o el mes, recordamos que fue lo que olvidamos hacer.

¿Estamos seguros que priorizamos adecuadamente?

… quién o qué tomó esa decisión?

¿Necesito tomar control?